En una época en la que la inmediatez lo invade todo, aún hay oficios que resisten desde la calma, la conversación y el cuidado minucioso de los detalles. La peluquería es uno de ellos. Y en la calle Felipe Gorriti 16, ese espíritu ha encontrado un nuevo hogar en Iraizoz Estilista, el proyecto personal de Ioseba Iraizoz (41 años), un profesional que ha decidido volver a la esencia del oficio: el trato cercano, la creatividad y el tiempo compartido.
Su historia no es la de un emprendimiento impulsivo ni la de una moda pasajera. Es la consecuencia natural de más de dos décadas de experiencia, aprendizajes, dudas y, sobre todo, una vocación que empezó a tomar forma mucho antes de que supiera que se dedicaría a ello.
“Con 14 o 15 años ya me llamaba la atención”, recuerda. No era tanto una cuestión estética como creativa. Le atraía la posibilidad de construir con las manos, de transformar, de expresarse. “Siempre me ha gustado todo lo que tiene que ver con el arte y la cultura”, explica. El cine, la literatura o la pintura no son para él simples aficiones, sino fuentes de inspiración que alimentan su manera de entender la peluquería.
Formación y oficio: un aprendizaje constante
Ioseba dio el paso profesional en torno a los 20 años, tras formarse en academias de Pamplona y completar su aprendizaje en Barcelona. Allí pasó por centros como la escuela de peluquería Llongueras, ampliando su visión del sector. Más adelante, cursó un grado superior en estilismo y dirección de peluquería, una formación integral que abarca desde el visagismo hasta la gestión de negocio.
Ese recorrido le permitió entender que la peluquería no es solo técnica. Es también análisis, psicología, comunicación y, cada vez más, identidad. “Siempre tienes que estar formándote”, afirma. Una máxima que ha marcado toda su trayectoria, combinando trabajo y aprendizaje continuo.
Sus primeros años laborales transcurrieron en distintos salones, en un camino no exento de dificultades. La crisis de 2008, la precariedad en algunos momentos y la necesidad de alternar con otros trabajos marcaron una etapa en la que, como reconoce, llegó a plantearse abandonar el oficio.
El punto de inflexión
Hubo, sin embargo, un momento clave que lo cambió todo. Su paso por el salón de Edurne Senosiain supuso un revulsivo profesional y personal. “Me devolvió la motivación”, asegura. Aquella etapa coincidió además con la pandemia, un periodo complejo para el sector, pero que reforzó en él la idea de qué tipo de peluquero quería ser.
Hoy mantiene esa referencia como un pilar en su trayectoria. “Para mí es un referente, sin ninguna duda”, afirma.
Tras años trabajando en diferentes espacios, Ioseba tomó una decisión clara: quería un proyecto propio, pero bajo sus propias reglas. Nada de grandes salones ni estructuras complicadas. Su idea era sencilla y, a la vez, poco habitual: un espacio pequeño, manejable y profundamente personal.
Un salón a escala humana
El 13 de enero abrió sus puertas Iraizoz Estilista. Un local que responde exactamente a lo que había imaginado: íntimo, acogedor y pensado para trabajar en solitario.
“Quiero trabajar conmigo mismo y ya está”, explica con claridad. No descarta colaboraciones puntuales, pero su filosofía es otra: reducir el ritmo, evitar la masificación y centrarse en cada cliente como una experiencia única.
Esa decisión define todo lo que ocurre dentro del salón. Aquí no hay prisas, ni colas, ni ruido innecesario. Hay café, conversación, libros y tiempo. Mucho tiempo.
Más que un corte: una experiencia
El servicio que ofrece Ioseba va más allá de lo puramente técnico. Su propuesta se basa en la atención personalizada y en generar un espacio donde el cliente pueda desconectar.
“Quiero que la gente venga a pasar un rato agradable”, resume. Para ello, cuida tanto el resultado como el proceso: desde el diagnóstico inicial hasta el ambiente del local.
En lugar de revistas, apuesta también por relatos cortos. Una elección deliberada. “Un relato te da tiempo a leerlo durante la visita”, explica. Es un detalle que refleja su forma de entender la experiencia: pequeña, cuidada y con sentido.
Además, tiene en mente incorporar elementos culturales como exposiciones de arte, reforzando esa conexión entre estética y creatividad que siempre ha guiado su carrera.
Especialista en cabello rizado
Dentro de su oferta, uno de los aspectos más diferenciadores es su especialización en cabello rizado. Un campo que, aunque cada vez más valorado, sigue requiriendo conocimientos específicos.
“El cabello rizado es complejo”, explica. No todos los rizos son iguales: desde ondas suaves hasta rizos afro, cada tipo requiere un tratamiento distinto. Hidratación, proteínas, técnica de corte o preparación previa son factores clave.
“El diagnóstico es fundamental”, insiste. Entender qué necesita cada cabello permite no solo mejorar el resultado, sino también educar al cliente en su cuidado diario.
El arte del visagismo
Otro de los pilares de su trabajo es el visagismo: el estudio de las formas del rostro para adaptar el corte a cada persona.
“No es lo mismo una cara redonda que una alargada”, señala. A partir de ahí, se pueden diseñar cortes que potencien o suavicen determinados rasgos. Un flequillo, un desfilado o el volumen pueden cambiar completamente la percepción de un rostro.
Este enfoque, más habitual en grandes centros, se convierte aquí en una herramienta cotidiana. Cada cliente es analizado de forma individual, buscando siempre el equilibrio entre estilo, personalidad y comodidad.
Hombres que se cuidan más
Aunque trabaja tanto con hombres como con mujeres, Ioseba ha observado un cambio claro en el comportamiento masculino.
“El hombre se está cuidando cada vez más”, afirma. Ya no se trata solo de cortes básicos, sino de interés por tendencias, productos y mantenimiento. Algunos clientes acuden incluso cada tres semanas.
Aun así, reconoce que en lugares como Pamplona persiste cierta tendencia a la uniformidad, especialmente entre los más jóvenes. “Van todos muy iguales”, comenta. Frente a ello, su apuesta es clara: adaptar el corte a cada persona, respetando su tipo de cabello y sus rasgos.
Un barrio que responde
La acogida en el Ensanche está siendo positiva. Poco a poco, el boca a boca empieza a funcionar y el perfil de clientela se va diversificando.
Las personas mayores, como suele ocurrir, son más fieles a sus hábitos. “Les cuesta más cambiar”, reconoce. Sin embargo, Ioseba apuesta por generar confianza progresiva, sin imponer, pero sugiriendo alternativas cuando lo considera oportuno.
Un proyecto sin ambición de crecer
En un contexto donde muchos negocios buscan expandirse, abrir nuevos locales o crecer en estructura, Ioseba lo tiene claro: no quiere eso.
“Está muy claro lo que quiero”, afirma. Su objetivo no es multiplicarse, sino consolidar su espacio. Mantener la calidad, el trato cercano y la esencia que ha definido desde el inicio.
Prefiere un salón pequeño, manejable y coherente con su filosofía antes que perder la identidad en un crecimiento descontrolado.
Volver a lo esencial
En el fondo, Iraizoz Estilista no es solo una peluquería. Es una declaración de intenciones en un sector que a menudo se debate entre la rapidez y la excelencia.
Aquí, el tiempo vuelve a tener valor. El cliente deja de ser un número y pasa a ser una conversación, una historia, una experiencia compartida.
“Quiero que la gente piense: voy a ir con Ioseba y voy a estar a gusto”, resume.
Y quizá ahí, en esa sencillez bien entendida, reside la verdadera innovación.
Iraizoz Estilista
Felipe Gorriti 16, Pamplona
Cita previa: 638 92 72 77
L: 10:00-14:00
M-V: 9:30-18:00
S: 9:00-13:00





