Alrededor del 80% de los pacientes pediátricos con epilepsia presentan algún trastorno del sueño, según un estudio

Según el estudio, la presencia de discapacidad, el mal control de las crisis en el último año y la presencia de crisis epilépticas nocturnas son características clínicas de los pacientes con epilepsia que se asociarían con una mayor probabilidad de trastornos del sueño

Alrededor del 80% de los pacientes pediátricos con epilepsia presentan algún trastorno del sueño, según un estudio

La epilepsia y el sueño mantienen una importante relación bidireccional. Por un lado, los trastornos de sueño se relacionan con un peor control de las crisis epilépticas. De hecho, diversos estudios han descrito que el insomnio y la privación crónica de sueño se asocian a un mayor número de crisis. Por otro, los pacientes pediátricos con epilepsia tienen mayor proporción de trastornos del sueño que los niños sanos. “Las crisis nocturnas, la actividad epileptiforme en el sueño y en muchas ocasiones los fármacos antiepilépticos provocan una fragmentación del sueño y dificultades de conciliación de sueño”, ha explicado la doctora Marta Furones, pediatra especialista en el área de Neuropediatría del Hospital Universitario General de Villalba (Madrid), durante su intervención en la mesa redonda ‘Sueño y epilepsia en niños’, enmarcada en el programa del XXX Congreso de la Sociedad Española de Sueño (SES), que se celebra estos días en el Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra.

En ese sentido, la experta ha presentado durante su ponencia ‘Insomnio conductual en niños con epilepsia’ los resultados de un estudio con 153 pacientes que demuestran que “alrededor del 80% de los menores con epilepsia presentan algún aspecto alterado del sueño”. Según la escala de Trastornos del Sueño para Niños de Bruni utilizada para la investigación, las alteraciones más frecuentes entre los sujetos de estudio fueron, por orden de frecuencia, las alteraciones en la transición sueño-vigilia, las dificultades del inicio-mantenimiento del sueño y la somnolencia diurna, que aparecían en casi la mitad de la muestra. En la misma, los autores de la investigación identificaron también algunas características clínicas de los pacientes que se asociarían con una mayor probabilidad de trastornos del sueño, entre ellas la presencia de discapacidad, el mal control de las crisis en el último año y la presencia de crisis epilépticas nocturnas.

“Este estudio reafirma lo que ya sabíamos, que los trastornos del sueño son frecuentes en esta población especialmente sensible, por lo que el tratamiento de los trastornos del sueño puede conllevar una mejoría en la calidad de vida del paciente y de su familia, así como mejorar el pronóstico de la epilepsia”, ha subrayado la doctora Furones, que ha destacado la importancia de que la anamnesis del sueño en niños con epilepsia vaya más allá de hacer a los padres la pregunta de rigor «¿Cómo duerme su hijo?». “No es una técnica útil para el cribado de los trastornos del sueño, ya que dentro del grupo de pacientes que contestaron que «dormían bien», se detectaron trastornos del sueño en un número muy elevado de ellos. Por ello consideramos recomendable usar cuestionarios validados para la realización de la anamnesis”, ha añadido.

Insomnio con un importante componente conductual
Como ha explicado la doctora Marta Furones, el diagnóstico de epilepsia en un niño supone “un importante impacto” en la vida de todo el núcleo familiar. La preocupación que supone el propio diagnóstico, unida al miedo a que el niño tenga crisis durante la noche, pueden propiciar, según la experta, que se produzca “un cambio en los hábitos de sueño de la familia que se traduce en la adquisición de conductas poco recomendables que hacen que el insomnio de los pacientes tenga un importante componente conductual”.

En este sentido, según los datos del estudio, un tercio de los 153 niños con epilepsia que componían la muestra dormía en la misma habitación que los padres y alrededor del 25% lo hacía en la misma cama. Casi cuatro de cada diez niños necesitaban la presencia de sus padres para poder conciliar el sueño y un 16% se dormía mientras usaba dispositivos electrónicos como tabletas o smartphones. “En nuestra investigación observamos que los niños que tenían estos malos hábitos de sueño tenían más frecuentemente trastornos del sueño”, ha revelado la experta en neuropediatría, que ha incidido en la importancia de mantener una buena higiene del sueño para toda la población pediátrica en general, pero especialmente para los pacientes con epilepsia.

En ese sentido, la doctora Furones ha recomendado crear rutinas de sueño desde los primeros meses de vida y acostar a los niños despiertos en su cama, para enseñarles a dormir solos. “Es importante tener horarios de sueño y mantenerlos estables en la medida de lo posible y, en el caso de los menores de cuatro años, respetar las siestas. Se recomienda crear un ambiente tranquilo y con una temperatura agradable en la habitación donde duerme el paciente, no abusar de pantallas, mucho menos en las horas previas a irse a la cama, y realizar ejercicio físico de forma regular, aunque no justo antes de dormir”, ha concluido.  

 

Alrededor del 80% de los pacientes pediátricos con epilepsia presentan algún trastorno del sueño, según un estudio
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