Opinión

[OPINIÓN] La escalera sanferminera, versión clero-policial

Ramón Contreras, Miren Egaña, Amaia Kowasch y  Mikel Juriko, miembros de Sanfermines 78: gogoan!

Fotos y agradecimiento: Sanfermines 78
Fotos y agradecimiento: Sanfermines 78
[OPINIÓN] La escalera sanferminera, versión clero-policial

 La escalera sanferminera es una celebración lúdica nacida en Iruñea a mediados del pasado siglo para, siguiendo el ritmo marcado por la canción del “uno de enero, dos de febrero, tres de marzo….”, festejar la cada vez mayor proximidad de los sanfermines. En ella, cuadrillas de todo tipo se reúnen en peñas y sociedades cada uno de enero, dos de febrero…, para llegar al txupinazo del 6 de julio con los cuerpos bien engrasados.

            Pero sucedió que la Iglesia, esa institución experta en rebañar todo tipo de platos y barrer para casa siempre que puede, decidió en 2009 celebrar también su propia escalera en la Iglesia de San Lorenzo, donde está la capilla de San Fermín. De este modo, lo que en las peñas y sociedades eran cenas parranderas, en San Lorenzo se convirtieron en sacras y devotas misas. Evidentemente, no es lo mismo.

            Este año, además, como quien no quiere la cosa, el trabucaire y desnortado párroco de San Lorenzo anunció que en la misa del segundo peldaño sanferminero del 2 de febrero, se ensalzarían los 200 años de la fundación de la Policia Nacional por el “papel fundamental en la seguridad de los sanfermines” que ha tenido ese cuerpo. En el acto se hizo entrega a San Fermín de un capote azul bordado con todo tipo de símbolos policiales y se contó con la presencia de la delegada del Gobierno en Navarra, de una ministra del Gobierno español, del presidente del Tribunal Superior de Justicia de Navarra  y de varios concejales de UPN, PP y PSN. La misa se convirtió así en un acto político provisto de un mensaje muy directo.

A nuestro entender, este hecho constituye un atentado a la memoria combativa y reivindicativa que desde hace más de 45 años viene manifestando una parte muy importante de la ciudadanía de Iruñea y Nafarroa, exigiendo Verdad, Justicia y Reparación para una de las mayores agresiones sufridas por la población de Iruñea a manos de la Policía española. Un lavado de imagen de aquella barbarie de la que se derivó un joven muerto, Germán Rodríguez, once personas heridas de bala, alrededor de 300 atendidas en centros hospitalarios, una ciudad arrasada y unas fiestas reventadas. Por esta razón el Ayuntamiento de Iruñea declaró en 2019 a Martín Villa persona non grata, pero a éste todo esto le da de lado.

Y si la actuación policial fue de una gravedad extrema, no lo es menos la impunidad con la que ahora se pretende tapar aquellos delitos cometidos por funcionarios públicos y a aquel de quien estos dependían, Martín Villa, que amparó todo aquello. Impunidad que revictimiza a las personas agredidas y encanalla una sociedad que se pretende democrática.

Esta embestida contra nuestra memoria reivindicativa ha sido avalada, nada más y nada menos, que por representantes del Gobierno y de la Judicatura. Un poder judicial que, con la estimable colaboración de la Iglesia, intenta dar un paso más en la labor de silenciamiento y tergiversación de los sucesos de sanfermines de 1978 y reforzar igualmente la política de impunidad, y en este caso, lo que lo hace más grave, amparada por el gobierno “progresista” del PSOE.

Los familiares de Germán Rodríguez, las personas heridas, la peñas sanfermineras, las asociaciones ciudadanas, estamos exigiendo justicia por aquel crimen. Es un derecho que se nos viene negando sistemáticamente. Pero, claro, ¿qué tribunal de justicia va a atreverse a admitir a trámite las querellas que victimas y organismos ciudadanos estamos interponiendo por los sucesos de sanfermines de 1978, cuando en un execrable acto de cubrir al Santo con un capote adornado con los escudos de quienes atacaron la fiesta, está presente el propio presidente del Tribunal Superior de Justicia de Navarra?

Y qué decir de la presencia de la Delegada y una ministra del Gobierno. ¿Qué tipo de memoria y convivencia defienden con su presencia en una representación aberrante del olvido y la impunidad por unos hechos que merecen el calificativo de crímenes contra las personas? ¿Cómo cumplen estas representantes del Gobierno su inexcusable deber de reconocer, reparar y dignificar a las víctimas, asistiendo a un acto que ensalza a los represores y silencia a aquellas? “Disparar con todas vuestras fuerzas, no os importe matar”, se ordenó desde la emisora policial aquellos sanfermines, y ahora se rinde honores a quienes dieron aquellas órdenes y a los que las cumplieron.

La convivencia no puede conseguirse desde el olvido y la tergiversación del pasado, sino sobre la verdad y la justicia. El olvido, por mucho que se empeñe el párroco de San Lorenzo, no es opción para una democracia. La memoria, tal como lo estamos viendo hoy a nivel estatal y también en nuestra tierra, no es pacifica sino conflictiva, y el ejemplo más palmario lo tenemos en la misa del pasado día 2. Un acto que pretende construir una memoria unilateral que practica la amnesia sobre unos hechos gravísimos de conculcación de derechos humanos, incluidos el derecho a la vida, ensalzando a los que agredieron y manchando con sus símbolos al Santo.

La presencia de la representación del Gobierno estatal -Delegación y ministra-, es especialmente grave, pues con esa peculiar concepción de la necesaria convivencia pacífica, se pone en peligro el disfrute de los derechos y libertades inherentes a la dignidad humana, y se cuestiona su compromiso con la defensa de la democracia y los derechos fundamentales que el pueblo de Iruñea viene exigiendo desde los sanfermines de 1978.

          ¡Nunca hemos visto a ninguna representación del Gobierno estatal en ninguno de los actos realizados en nuestra ciudad en memoria de aquellos hechos y en recuerdo de sus víctimas. Nunca hemos oído ni leído reconocimiento alguno por su parte admitiendo la responsablidad directa en aquella indiscriminada agresión policial. Pero, eso sí, allí estaban vds., en primera línea, en la Iglesia de San Lorenzo, ayudando a tapar con un capote azul el crimen de Estado cometido durante los sanfermines de 1978.