Opinión

"¿Por qué no he claudicado en esta larga y decepcionante lucha?"

Yanelis Guevara Mendez, socorrista y monitora de Natación sincronizada en Club Natación y delegada de CCOO en la empresa URTATS
Foto: los trabajadores protestaron la semana pasada ante la sede de SEDENA
Foto: los trabajadores protestaron la semana pasada ante la sede de SEDENA
"¿Por qué no he claudicado en esta larga y decepcionante lucha?"

Mi nombre es Yanelis Guevara Méndez, soy entrenadora de Natación Artística, monitora de  natación y socorrista. Trabajo en el Club Natación Pamplona y presto servicios a través de una  empresa de Gestión Deportiva, URTATS. 

Llevo 78 días de huelga indefinida. Setenta y ocho días en los que no he dejado de reclamar mis  derechos como trabajadora, en los que he salido a la calle a pedir unas condiciones laborales que no  deberían de considerarse un lujo, sino un derecho. Llevo más dos dos meses denunciando los  atropellos que hemos sufrido durante esta huelga todas las trabajadoras de Gestión Deportiva y lo  peor de todo, llevo todo este tiempo afectando seriamente el desarrollo deportivo de los equipos de  competición de Natación Artística del Club Natación Pamplona. 

Las deportistas del Club Natación Pamplona, referentes en las diferentes competiciones de Navarra  en este deporte, no han podido entrenar ni tampoco competir en los pasados Juegos Deportivos de  Invierno de Navarra. Muchas deportistas se han dado de baja de este Club. Niñas que comenzaron a practicar este deporte cuando todavía esperaban que el ratoncito Pérez les trajera un regalo por cada  diente que se les caía y hoy son estudiantes universitarias. Ese es el peor de los peajes que hemos  tenido que pagar mis alumnas y yo. Esta huelga en defensa de mis condiciones laborales me ha  quitado lo más preciado, una gran parte de mis niñas y con ello, los objetivos y el esfuerzo del  trabajo de muchos años. 

Pero, ¿por qué no he claudicado en esta larga y decepcionante lucha?  

Pues bien, como entrenadora paso largas horas de mi vida privada preparando entrenamientos haciendo calendarios, asistiendo a reuniones relacionadas con mi trabajo, planificando actividades  que mejoren las relaciones y amplíen aprendizajes de mis deportistas, buscando y montando  músicas, preparando competiciones y asistiendo a las mismas en fines de semana completos y una  larga lista de etcéteras. Todo esto sin que ni un sólo minuto de estas largas horas del espacio de mi  vida privada se consideren horas de trabajo. 

Cuando he pedido un día de descanso porque por razones de competiciones he enlazado hasta tres  semanas seguidas de trabajo, la respuesta de mi empresa ha sido que mi día de descanso por  calendario es el domingo. Cuando lo he reclamado al Club al que represento en dichas  competiciones, la respuesta ha sido que ellos no pueden hacer nada porque no trabajo para ellos, no  soy su trabajadora, que este tema lo tengo que tratar con mi empresa… 

Mi horario de trabajo es regularmente de 15:30 a 20:30 o 21:00 de lunes a viernes. Entre esas horas  tengo espacios de tiempo de quince minutos y medias horas para pasar del turno de socorrista a los  entrenamientos de seco y de estos entrenamientos a los de agua. Esos quince minutos y medias  horas no se cuentan dentro de mi jornada laboral, aunque me dedico a cambiarme de ropa, llegar a  la sala o a la piscina y preparar el material necesario para el entrenamiento, este tiempo no se  computa como horas de trabajo. 

El curso pasado estos espacios de tiempo repercutieron en 4.25 horas semanales. Este curso son  3.75 horas semanales. Estas son las condiciones de trabajo que permiten este tipo de contrataciones. Terminas una clase y hay quince minutos o media hora hasta que empiezas otra, porque es  imposible terminar a una hora en un sitio y estar a esa misma hora en el otro, pero este tiempo no se cuenta dentro de tu jornada laboral aunque estés desempeñando el trabajo. 

Mis condiciones laborales se han deprimido en los últimos años, aún cuando las familias han hecho  un gran esfuerzo y me han mejorado el precio hora. Quiero dejar claro que han sido las familias de  la sección de natación Artística del Club Natación Pamplona, y no la empresa, quiénes han hecho  este esfuerzo. 

Pero aún así mis condiciones laborales son hoy peores que hace dos años y el año que viene se  avecinan peores aún.  

Me queda una larga pelea, no me cabe dudas de que esta huelga me pasará mucha más factura que  la económica. La peor es la emocional porque por más que denuncio a viva voz que este modelo  tiene que cambiar, que estas no son maneras de tratar a las personas que educamos en valores del  deporte, solo encuentro oídos sordos y es una pena. 

La sociedad tiene que escucharnos. El deporte es sinónimo de empatía, respeto, valor y dignidad. Yo soy una entrenadora, esos son mis valores.

"¿Por qué no he claudicado en esta larga y decepcionante lucha?"
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