Opinión

"El edificio Iwer y la participación ciudadana"

Por Mónica López, Coordinadora IU Pamplona

Foto: Futuro IWER
Foto: Futuro IWER
"El edificio Iwer y la participación ciudadana"

Desde que fue construido en los años 50 del siglo pasado, el conocido como edificio Iwer o la fábrica de sedas forma parte ya de la memoria colectiva del barrio de la Rotxapea. Primero, porque mientras estuvo en funcionamiento dio trabajo a numerosas familias obreras; y segundo, porque cuando saltó el ‘caso Matesa’ -un episodio político económico de corrupción, saqueo de capitales y ajuste de cuentas entre franquistas-, el sueño de la fábrica de los telares se vino abajo.

De entonces a ahora, los edificios que quedan en pie han vivido días de luces y de sombras. Distintas empresas y asociaciones han desarrollado allí su actividad con la sensación colectiva de que las paredes de ladrillo rojo y la torre de un reloj que hace tiempo que no marca la hora, tenían fecha de caducidad. Del deterioro de los terrenos anexos al edificio, como en la calle Artica, sin acera ni farolas durante cientos de metros, nadie se ha hecho cargo nunca, generando una inseguridad más que manifiesta para los peatones.

Hace unas semanas nos enteramos de que el equipo de gobierno municipal encabezado por el alcalde Enrique Maya tiene ya avanzado un plan para el edificio: una comunidad energética y una residencia privada de 130 plazas. Así lo trasladó a los vecinos en una asamblea que tuvo lugar en el Civivox Jus la Rocha a finales de octubre. Paradójicamente, la empresa que va a construir esta residencia para personas mayores, Healthcare Activos, ya había anunciado el proyecto en su página web en septiembre. Los vecinos, como siempre, nos enteramos tarde y mal.

Recordemos que el pasado año ya se modificó el ‘Plan Parcial Rochapea’ con el objeto de dar cabida a esta residencia privada dentro de los espacios de un edificio protegido como el de Iwer. Por cierto, resulta curioso leer cómo se justificaba esa modificación por el “déficit de equipamiento privado” que supuestamente sufre el barrio, cuando lo que realmente necesitamos los vecinos es una mejora de los servicios públicos. Mejora de un centro de salud público desbordado, de un Instituto inexistente, de unas instalaciones deportivas públicas minúsculas o de una residencia pública, la de El Vergel, que compartimos con el resto de barrios de Pamplona, por poner solo cuatro ejemplos.

Hoy por hoy, sabemos quién va a pagar la oficina energética: la Unión Europea a través de sus proyectos en pro de las llamadas energías verdes. De lo que ya no estamos tan seguros es de quién financiará esta nueva residencia privada, de cuánto dinero público recibirán para levantar una infraestructura que, no nos engañemos, el 90% de los vecinos y vecinas de Rotxapea no podrían disfrutar, dados los abusivos costes que supone alojarse en una de ellas.

Independientemente de que es obvio que el proyecto mejora la degeneración urbanística que supone hoy por hoy el edifico Iwer, todo este proceso pone de manifiesto una vez más la forma de actuar del actual equipo de gobierno municipal: ‘el ordeno y mando’. 

Porque cuando se quieren mejorar las condiciones de vida de los vecinos y vecinas de un barrio, el primer paso debe ser conocer sus demandas y sus necesidades. Y tras saber de ellos, tras reunirse con las asociaciones, con los agentes sociales, con los centros educativos, culturales y de ocio, deportivos, etc. poner a trabajar a los técnicos para dar solución a estos problemas reales. Así se podía haber hecho con el edifico de la Iwer y con el resto de proyectos urbanísticos que actualmente se desarrollan en nuestra ciudad.

Esa forma de gobernar, la de hacer partícipe a la sociedad en la toma de decisiones, sobre todo de aquellas que le afectan de una manera más directa, debería ser obligada en nuestras instituciones locales. Y de hecho lo es, si hacemos caso al Reglamento de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Pamplona o los llamados Foros de Barrio, que posibilitan una comunicación directa entre esos vecinos y vecinas y el Consistorio. 

Si este tipo de herramientas no fueran un mero expediente por cumplir, sino una herramienta prioritaria de trabajo, quizás el futuro Iwer no sería visto por los vecinos como algo ajeno sino propio; quizás, también, el cruce de Cuatrovientos -sin duda uno de los más peligrosos de todo Iruñea- sería hoy historia; o quizás el edificio que albergaba la antigua guardería de la calle Marcelo Celayeta ya estaría arreglado y daría servicio al barrio; o quizás los llamamientos públicos del pasado año contra la violencia, robos, agresiones y racismo hubieron tenido respuesta con más trabajadores sociales y algún policía de cercanía andando por las calles del barrio.

O quizás, no se hubieran dilapidado los 20.000 euros gastados en la zona dotacional de la calle Ximénez de Rada para construir dos años después un campo de beisbol… Aún más, si se hubiera escuchado a las vecinas y vecinos cuando hablaron convocados por el Ayuntamiento hace cinco años, en vez de esta zona dedicada al deporte del softbol, se hubieran construido huertas urbanas, un skatepark, un rocódromo o simplemente se hubiera creado un corredor verde que conectara el barrio con las zonas de paseo de Artica. 

El ‘ordeno y mando’ ha impregnado la política municipal de Iruñea de tal manera que se ven fantasmas en donde solo hay paelladas organizadas por el comercio local, dudas por la implantación de la Zona Azul o trabajo voluntario como el que realizan con nuestros niños y jóvenes desde Batean. 

Otra forma de gobernar Rotxapea y el resto de barrios pamploneses, de gestionar lo público, de dar respuesta a la ciudadanía es posible. Y cuanto antes la consigamos, antes estaremos preparados para dar respuesta a los grandes retos que en forma de desigualdad, empobrecimiento, flujos migratorios o cambio climático nos presenta este siglo XXI.

Mónica López, Coordinadora IU Pamplona

 

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