Un 28% de los navarros desconoce el etiquetado de los productos

Foto: Nutri Score, nuevo etiquetado nutricional de los productos
Foto: Nutri Score, nuevo etiquetado nutricional de los productos
Consumidores Irache aconseja fijarse en conceptos como el origen, grasas añadidas o fecha de caducidad
Un 28% de los navarros desconoce el etiquetado de los productos

El 28% de las personas no conoce el etiquetado de los alimentos, según señala una encuesta encargada por la Asociación de Consumidores de Navarra Irache. Desde esta organización se recuerda que las etiquetas de los alimentos ofrecen información muy valiosa sobre ellos. 

Por edades, los que menos conocen el etiquetado son los mayores de 65 años -39% lo ignoran-, mientras que el conocimiento de las otras franjas de edad está en porcentajes similares -entre el 23% y el 25% lo desconocen-.

La información debe ser veraz

El etiquetado debe informar sobre las características del alimento, lo que puede ser de gran ayuda al consumidor a la hora de elegir entre un producto u otro. La información facilitada en el etiquetado debe ser veraz y no puede atribuirse a un alimento propiedades que no tiene. 

Desde Europa llegan buena parte de las normas sobre el etiquetado de los alimentos, que posteriormente deben ser recogidas en la legislación nacional. La regulación marca que el etiquetado de los alimentos debe informar, entre otros, sobre los siguientes aspectos:

Lugar de procedencia del producto. Uno de los datos que puede incluir el etiquetado y que más interés suscita entre los consumidores es saber de dónde viene el producto. Sin embargo, el 30% de las personas cree que el etiquetado no es preciso al indicar el origen del producto. La normativa solo obliga a informar sobre el país de origen o el lugar de procedencia en algunos casos: 
siempre que su omisión pueda llevar a error en aquellos productos en el que el ingrediente primario (aquel que representa más del 50% del producto o aquel que el consumidor asocia generalmente con su denominación) no coincida con el país de origen del producto, se deberá aclarar este punto. Es decir, si pone que una tortilla de patatas es de Cáceres y sus patatas son de Chile, deberían aclararlo en el etiquetado. En muchas carnes también es obligatorio siempre informar sobre la procedencia. 

A la no obligatoriedad de poner el origen en muchos productos, hay que añadir que, cuando se incluye el dato, a veces se exhibe con el mismo tamaño que la información acerca de dónde ha sido envasado, de tal manera que pueda equivocar al consumidor. Por ejemplo, legumbres que se anuncian en mayúsculas como fabricadas en España, informan con un tamaño más pequeño, tanto de que la fábrica está situada en una provincia española como de que la legumbre es originaria de Estados Unidos o Argentina. De esta manera, no es difícil que el consumidor crea que está comiendo alubias españolas cuando no es así. 

Información nutricional. Valor energético, cantidad de proteínas, grasas, grasas saturadas, hidratos de carbono, azúcar y sal por 100 gramos de producto o 100 mililitros. Esta información podrá completarse con datos sobre el contenido en grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, polialcoholes, almidón, fibra alimentaria y vitaminas y minerales.

Quedan exentos de esta información, entre otros, los alimentos  que son un solo ingrediente, la sal, los edulcorantes, infusiones, vinagre, gelatina, aditivos, levadura o envases inferiores a 25 centímetros cuadrados. 
Fecha de duración mínima o de caducidad. En los alimentos muy perecederos la fecha de duración mínima se sustituirá por la de caducidad. En ocasiones estos dos conceptos resultan confusos para el consumidor. Una vez pasada la fecha de caducidad, el producto no debe consumirse ya que puede estar en mal estado e incluso poder afectar a la salud de quien lo consume. La fecha de consumo preferente, en cambio, no indica que el alimento sea peligroso, sino que a partir de entonces perderá o se deteriorarán parte de sus propiedades, como sabor, aroma, textura…

No se debe informar sobre esta fecha en las frutas y hortalizas frescas, productos de repostería a consumir en 24 horas, vinos, bebidas con más de un 10% de alcohol, vinagres o sal, entre otros. 

Lista de ingredientes del producto en orden decreciente de peso. Deberá indicarse su cantidad si el ingrediente está en el nombre del producto, se destaca en el etiquetado o es esencial para distinguir el alimento de otros parecidos. Así sabremos qué componentes forman el producto y cuánto tiene de cada elemento, más allá del nombre del producto, que en ocasiones puede resultar engañoso, como en el caso de algunos zumos en los que vemos que la cantidad de la fruta que da nombre al producto está presente en una cantidad muy reducida. 

Sustancias o productos que provocan alergias o intolerancias. Entre estos ingredientes están los cereales que contengan gluten, crustáceos, huevos, pescado, cacahuete, soja, leche, frutos de cáscara, apio, mostaza, sésamo, dióxido de azufre, altramuces y moluscos.

En los alimentos exentos de gluten de forma natural podrá figurar solo cuando no todos los alimentos similares posean esa misma características, por ejemplo, embutidos o salsas donde algunos productos pueden tener gluten entre sus ingredientes. Sin embargo, en productos como yogures, leche o miel no puede ponerse “sin gluten” ya que son alimentos no lo contienen nunca.  Para el rótulo “sin lactosa” la argumentación es la misma. 

La denominación del alimento. En ocasiones, hay algunos nombre que pueden resultar confusos al parecerse mucho a alguna característica que pueden tener algunos alimentos. Es decir, que la denominación que le ha puesto el fabricante puede inducir a  pensar que es especialmente digestivo, ligero o artesano, cuando no tiene por qué ser así.

Otros aspectos sobre los que debe informar el etiquetado son las condiciones especiales de conservación y empleo, la cantidad neta del alimento que hay en el producto a la venta o el nombre y dirección de la empresa alimentaria.
Irache cree que se debe avanzar en una información más clara y completa, sin dar lugar a equívocos

Leer el etiquetado es fundamental para conocer qué producto nos estamos llevando a casa para consumirlo. Pese a ello, es habitual que los consumidores se quejen de que el etiquetado ofrece un lenguaje muy técnico y farragoso. Ciertamente, desde Irache consideramos que se debe hacer un esfuerzo para avanzar en una exposición lo más clara y completa posible sobre las características de los productos alimentarios. Aspectos como el origen de los productos, algo cada vez más valorado por los consumidores, debe ser correctamente señalado en la etiqueta y sin que dé lugar a equívocos. 

Semáforo nutricional

La Comisión Europea está estudiando impulsar Nutri-Score, el llamado semáforo nutricional. Se trataría de una clasificación de los alimentos que, sin sustituir al actual etiquetado, indicaría por colores y letras cuáles son más o menos saludables. Para ello, se tendrían en cuenta componentes de los alimentos como las calorías, azúcares, grasas saturadas, sal, frutas, verduras, fibra, proteínas o aceites.

Se valorarían los diferentes criterios y se le adjudicaría a cada alimento una nota media. 

Hay diferentes opiniones sobre esta cuestión: algunos creen que facilitará al consumidor conocer los productos más sanos de forma más sencilla y visual; otros critican algunos de los criterios que pueden influir en la clasificación o temen una posible manipulación de la industria alimentaria para colocar mejor sus productos. Desde Irache consideramos que el semáforo nutricional, más allá de la fórmula concreta que se escoja, puede ser una buen solución siempre que aporte más claridad y transparencia y se vigile que no permita engaños ni manipulaciones interesadas. 

 

 

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